En Colombia no hay estaciones por encontrarnos en zona ecuatorial. Sin embargo, el calendario televisivo sí tiene estaciones y al finalizar mayo muchas series nos abandonan hasta septiembre; y la mayoría de los lectores de este blog también se van de vacaciones a ponerse negros por el sol. Por eso, aunque yo sigo trabajando, sí he sentido el verano por la sequía de series y por la ausencia de más de uno.
Iniciando junio,
me propuse una estrategia para no sentir el bajón que consistía en seguir varios estrenos de la temporada de verano, pero también maratonear hasta sacar de la lista negra muchas series recomendadas y/o de las que estaba antojadísima. Pero no lo iba a hacer en orden, como la mayoría de seriéfilos que hasta no terminar con una serie no empiezan con otra. No, yo lo que hice fue verlas todas al tiempo, con diferentes días para cada una según me fuera provocando, como si estuviera en la temporada de septiembre a mayo.
Esto tenía una pega, por supuesto: si durante la temporada regular sigo muchísimas series, durante el verano seguiría muchas menos, pero las de la lista negra no eran una sola temporada de máximo 23 capítulos… ¡eran varias! Por lo tanto, el número de episodios por ver en 3 meses resultó ser realmente exorbitante; sumémosle que más de una vez me quedé en una serie por muchos capítulos porque no podía despegarme de ella como polilla que va a la luz y allí muere.
Pero ¿quién dijo miedo? Durante estos tres meses he tenido grandes enamoramientos, he tenido que comerme mis palabras con varias (con las que ya haré un post especial), he esperado otras para, al final, sólo darme cuenta de que extraño a las de siempre. Ahora siento que ya septiembre está muy cerca y que necesito cerrar esta etapa haciendo un resumen.